No se puede decir que una persona vive sola, cuando comparte piso con dos pájaros y una gotera. Los pájaros en sí, sólo cantan ó mejor dicho gorjean durante todo el día, y la gotera con su interminable plop, plop, plop parece haber adquirido vida propia.
Llegas a casa y sabes que no hay nadie, pero te equivocas... los cánticos de los pequeñines que se alegran de verte te crispan más que alegrarte, y eso que están mosqueados porque hace un par de días les echaste una toalla por encima de la jaula para poder dormir la siesta... y se te olvidó destaparles durante dos días. Ahora te miran con odio en sus pequeños ojos de ave cada vez que te acercas, y eso que les limpiaste la jaula y la dejaste brillante como una patena, y les pusiste agua fresca y comida... da igual. Te odian. Y todas las mañanas, para fastidiarte te despiertan a las 6.00 horas (en punto), joder que parece que ya no necesitas despertador.
Y la gotera, inexorable... reclamando tu atención porque el cubo que has puesto se llena y rebosa. Cuando la ignoras gotea con más fuerza, como queriendo recordarte que sigue ahí y que no estás sola cuando vas al baño, que está a tu lado y que nunca te va a abandonar...
Y además, por supuesto, el simpático técnico de telefónica que parece que vive en tu casa, porque desde que te has puesto la ADSL ya se te ha jodido tres veces y sólo te falta darle una llave al buen señor y que campe a sus anchas en tu salón...
Y cada vez que enciendes el ordenador los interminables clings que hacen tus contactos cada vez que se conectan al messenger, coño, que estás tan ocupada intentando responder a todas las ventanitas que el otro día se te olvidó el arroz y casi quemas la cocina...
Y como no, desde que tienes teléfono fijo suena constantemente, y nunca es para tí, claro, si no le has dado el número a nadie, pero la gente se equivoca... ¿dónde se equivocaban antes cuando el número que tienes no existía?
¿Soledad? Mas bien stress.