viernes, 27 de junio de 2008

INSURRECCION

¿Dónde estabas entonces cuando tanto te necesité?
Nadie es mejor que nadie pero tu creíste vencer.
Si lloré ante tu puerta de nada sirvió.
Barras de bar, vertederos de amor...
Os enseñé mi trocito peor.
Retales de mi vida, fotos a contraluz.
Me siento hoy como un halcón herido por las flechas de la incertidumbre.
Me corto el pelo una y otra vez.
Me quiero defender.
Dame mi alma y déjame en paz.
Quiero intentar no volver a caer.
Pequeñas tretas para continuar en la brecha.
Me siento hoy como un halcón llamado a las filas de la insurrección.

miércoles, 25 de junio de 2008

Mi sobrina y el jardín vertical


Esta foto es para la niña, que no es tan niña, que se va corriendo a trabajar 20 minutos antes de que salga su tren para llegar a tiempo y poder ver al ciego y a su perro en el andén de la estación. Nunca habla con él, pero a veces le ayuda. Todo mi amor para le petit duchesse.

sábado, 21 de junio de 2008

Gracias a Mimmo y a Fina por hacerme reir anoche, cuando todo era tan raro...

jueves, 19 de junio de 2008

¿Soledad? Imposible

No se puede decir que una persona vive sola, cuando comparte piso con dos pájaros y una gotera. Los pájaros en sí, sólo cantan ó mejor dicho gorjean durante todo el día, y la gotera con su interminable plop, plop, plop parece haber adquirido vida propia.
Llegas a casa y sabes que no hay nadie, pero te equivocas... los cánticos de los pequeñines que se alegran de verte te crispan más que alegrarte, y eso que están mosqueados porque hace un par de días les echaste una toalla por encima de la jaula para poder dormir la siesta... y se te olvidó destaparles durante dos días. Ahora te miran con odio en sus pequeños ojos de ave cada vez que te acercas, y eso que les limpiaste la jaula y la dejaste brillante como una patena, y les pusiste agua fresca y comida... da igual. Te odian. Y todas las mañanas, para fastidiarte te despiertan a las 6.00 horas (en punto), joder que parece que ya no necesitas despertador.
Y la gotera, inexorable... reclamando tu atención porque el cubo que has puesto se llena y rebosa. Cuando la ignoras gotea con más fuerza, como queriendo recordarte que sigue ahí y que no estás sola cuando vas al baño, que está a tu lado y que nunca te va a abandonar...
Y además, por supuesto, el simpático técnico de telefónica que parece que vive en tu casa, porque desde que te has puesto la ADSL ya se te ha jodido tres veces y sólo te falta darle una llave al buen señor y que campe a sus anchas en tu salón...
Y cada vez que enciendes el ordenador los interminables clings que hacen tus contactos cada vez que se conectan al messenger, coño, que estás tan ocupada intentando responder a todas las ventanitas que el otro día se te olvidó el arroz y casi quemas la cocina...
Y como no, desde que tienes teléfono fijo suena constantemente, y nunca es para tí, claro, si no le has dado el número a nadie, pero la gente se equivoca... ¿dónde se equivocaban antes cuando el número que tienes no existía?
¿Soledad? Mas bien stress.

martes, 17 de junio de 2008

A veces hacemos cosas humillantes. Sentimos que nos rebajamos y después nos odiamos por ello, y si pudiésemos daríamos marcha atrás para poder conservar nuestra dignidad intacta, nuestro precioso orgullo protegido y no expuesto a la humillación. Bien, quizá lo hacemos porque tenemos sentimientos, al fin y al cabo no somos perfectos y la lógica y la coherencia no pueden imperar en nuestras vidas las 24 horas del día.
Ante todo, lo importante es no maltratarse después, no ser demasiado duro consigo mismo... y perdonarse.
El orgullo y la dignidad no te llevan a ninguna parte. No te hacen más feliz, ni más rico, ni mejor persona... ni siquiera te hacen sentir mejor... son sólo un espejismo de la verdadera realidad... que somos humanos y que aunque intentemos ocultarlo... tenemos sentimientos.

jueves, 12 de junio de 2008

"Cambio príncipe por lobo feroz" de Raquel Sánchez Silva

Ya está bien de historias malintencionadas. ¡Qué jeta tenían los Grimm, Andersen y Perrault! ¡Cuentistas, más que cuentistas! Ni zapatos de cristal, ni polvos mágicos, ni espejos sinceros. Unos buenos Manolos, polvazos de verdad y elixires de la eterna juventud. Su encantamiento a través del relato no ha aguantado esta sobrecarga de realidad, pragmatisto y estrés. No hay vuelta atrás. Aunque en un momento de debilidad intentáramos hacer el ejercicio compasivo de adaptar el cuento a nuestro tiempo, no funcionaría. No saldrían ni el cuento, ni las cuentas. Te pongas como te pongas, los coches blancos son una horterada y un rubio vestido de azul celeste de arriba abajo también. Córtate las trenzas, tira la banda de miss al mar, regala manzanas para dormir a la competencia, fúgate con el lobo y date un baño de espuma con él. Recuerda: mientras las princesas duermen, las brujas vuelan.

martes, 10 de junio de 2008

El retorno

Por fin he vuelto. La casa parece más grande, más vacía, y está impregnada de un olor que no es el mío. La huella de una cabeza en la almohada, huecos en la estantería y unos cuantos libros olvidados... eso es lo que ha quedado.
Se acabó el huir. He regresado a la cruda realidad. A luchar.

jueves, 5 de junio de 2008

¿Mujeres deseperadas?

ME NIEGO.
Me niego a dejarme llevar por esa desesperación tan característica que te envuelve después de haber sido herida. Me niego.
Me niego a renunciar a vivir por añorar un pasado que nunca fue.
Me niego a dejarme llevar por la desidia.
Me niego a ser una mujer desesperada.
Hoy he conocido a una mujer especial... Con una historia parecida a la mía (somos tantas), una mujer que lleva el corazón en los ojos y las ganas de vivir por bandera. Una mujer que me ha contado su historia, sin aspavientos ni lágrimas, simplemente una historia, aunque cargada de emoción, por supuesto. Yo le he contado la mía (al lado de la suya, la mía se desdibuja y deja de tener importancia, parece pequeña). Y nos hemos abrazado. Hemos creado un vínculo... un vínculo que ha significado mucho para mí. Y he pensado... "si ella puede, yo también". No volveré a utilizar las palabras: "es que es superior a mí", "no puedo evitarlo", "yo soy así, no puedo cambiar"... Jamás. Porque no son ciertas. Nada es superior a mí. Yo puedo evitar todo lo que quiera, y por supuesto, yo no soy así, es sólo un momento de mi vida. Y puedo cambiar. Puedo cambiar cuando quiera porque nadie me lo impide... y si algo no me gusta de mí, lo cambiaré. No quiero más etiquetas. Seré lo que quiera ser. Y nadie, absolutamente nadie es mejor ni peor que yo. Sólo diferente.
Y si no me queréis, no está en mí, está en vosotros que no me habéis querido... pero que nadie se preocupe, por favor, que ya me querré yo...
¿Mujer desesperada? Ni hablar.
Agradecimientos: Angy (por ser mi psicóloga vacacional), Fely (por bailar por mi mente) y Cris (por cambiar el turno para estar conmigo)

domingo, 1 de junio de 2008

El viaje...

Se hallaba aquí en la capital de este nuestro país, a veces querido, a veces maltratado. Había venido en un tren lleno de personas con curiosas historias como la suya. Un tren que había parado en Atocha y del cual se había apeado. Se detuvo en el andén, miró a su alrededor y encendió un cigarrillo... el humo le envolvió la cara y la sensación fue reconfortante.
Las calles aquí olían de otra manera. La gente andaba diferente... o es que su distorsionada percepción lo interpretaba de esa manera...
Había venido a curarse. A lamerse las heridas en un rincón familiar, a intentar reflexionar sobre lo que era o en lo que se había convertido, había venido para intentar ser consecuente con sus actos y para aceptar las decisiones que había tomado. Había venido para desintoxicarse, a este Madrid que de bello, mataba. Para redescubrirse, para volver a ser ella. Para dejar de ser lo que otros querían, para quererse, para gustarse y sí, para vivirse. Había venido a buscarse porque se había perdido.
Así que esta mañana ha salido a la calle, ha respirado profundamente, el ambiente olía a humedad, pero también a cambio, a resurgimiento... y ha comenzado su búsqueda.