¿Queréis sentir de verdad lo que siente Malena? ¿Queréis ver a través de sus ojos? ¿Oler lo que ella huele? ¿Saborear lo que saborea? ¿Tocar lo que ella toca? No dudéis, leed este libro y el relato de la vida de Malena llenará cada pequeña cavidad corpórea ó grieta del alma que podáis tener.
jueves, 27 de marzo de 2008
El libro...
¿Queréis sentir de verdad lo que siente Malena? ¿Queréis ver a través de sus ojos? ¿Oler lo que ella huele? ¿Saborear lo que saborea? ¿Tocar lo que ella toca? No dudéis, leed este libro y el relato de la vida de Malena llenará cada pequeña cavidad corpórea ó grieta del alma que podáis tener.
miércoles, 26 de marzo de 2008
Pequeño homenaje a mi sobrino... que es su cumple...
19 años... qué barbaridad.
Cuando naciste era la época en la que yo estaba bastante descentrada... vestía de negro, me rapaba la cabeza, escuchaba a los Toreros Muertos y juraba que moriría por Patrick Swayze (menuda incongruencia), pero ya se sabe, los 15 años son así. Fui tu madrina de bautizo... y casi no me atrevía a cogerte en brazos. Tu abuela (mi madre) me hizo un traje de flores increiblemente horroroso especialmente para ese día tan señalado. Lo pasé fatal. Con lo rarita que yo era y vestida de esa guisa... pero bueno, todo por salir mona en las fotos del bautizo, con el mocoso en brazos.
Mi opinión de que eras un niño precioso y tranquilito cambió radicalmente el día que me tocó irme a Madrid a cuidarte unos días... Uf, anda que no llorabas... y olías mal... pero yo tenía una táctica increíble para dormirte: agarraba el capazo donde estabas tumbado, y te pegaba cuatro meneos mientras te cantaba canciones del Último de la Fila y de mis amados Toreros. Tardabas 30 segundos en dormirte... Casi nada. (Así has salido...)
Luego creciste un poco, tendrías 4 años o así, cuando te convertiste en el diablo (un diablo diminuto con vaqueros y camiseta, pero un diablo...) Las maldades que ingeniaba tu cabecita eran impresionantes... como la vez aquella que me lanzaste un boli y me lo clavaste en la mano... ó el día en que intentaste que tu abuelo se partiese la crisma haciéndole tropezar con una maceta... Ahora nos reímos, pero estuviste a punto de causar una desgracia familiar en toda regla.
De niño rebelde pasaste a adolescente problemático, de bronca en bronca con tu padre... tu madre aguantándote mil historias (una santa, mi hermana)
Deportista nato (un Rafa Nadal madrileño). Fumador empedernido (eso lo has heredado de mí).
Ni idea de dónde te viene la vena macarrilla. La vena pija del cole de pago... seguro.
Con este extraño equipaje que portas a la espalda, difícil saber porqué estoy tan orgullosa de tí y de la persona en la que te has convertido, pero así es.
FELIZ CUMPLEAÑOS.
lunes, 17 de marzo de 2008
Contra viento y marea...
Me sentía como el capitán de un viejo barco que navegase por aguas tranquilas. Una suave brisa agitaba mi cabello y brillaba el sol... Sí, así me sentía.
A lo lejos vi la tormenta acercarse, una tormenta de infinitas proporciones, parecía. Una de esas que se tragan a los barcos para llevárselos al fondo del océano.
Y yo, capitán de navío, osé enfrentarme a ella. Sin mirar atrás y sin preocuparme de mi carga o mi tripulación, viento en popa a toda vela, que diría Espronceda, me dirigí al hambriento mar. El cielo abrió sus puertas y una lluvia helada descendió sobre mi cabeza. Según me iba acercando, las olas parecían crecer por momentos. El timón se rebelaba y parecía no querer seguir mis instrucciones... Allá fui... A por la tormenta.
Dicen que las personas nos crecemos ante las dificultades, y esa parecía ser mi especialidad, cuánto más grande y peligroso el vendaval, más ciego era mi empeño por enfrentarme a él, aún a sabiendas de que podía salir perdiendo. Las olas superaban con creces el casco de mi velero y hacían crujir sin piedad la madera bajo mis pies, pero yo, osado como ninguno, desafíe a los elementos y me metí de lleno en el ojo del huracán, sabiendo que podía perder la vida, sabiendo que quizá saliese malherido de la experiencia... pero no dudé. Luché bravamente contra las fuerzas de la naturaleza mientras la lluvia se estrellaba contra mi cara y me impedía ver lo que sucedía a mi alrededor. La carga y la tripulación dejaron de importarme... Sólo importaba mi propia supervivencia y la tormenta que me plantaba cara y parecía burlarse de mi pequeño y valiente barco.
El enfrentamiento pareció durar siglos, siglos de inconmensurables esfuerzos y agotamiento... Creía que no podría soportarlo más. Cuánto más tiraba de mí la tormenta, más me empeñaba yo en salir indemne. Y ese tira y afloja pareció durar una vida, una vida entera... mientras el viento hacía zozobrar el barco y las olas arrasaban la cubierta...
Y cuando por fin decidí que había llegado la hora de rendirme, de dar media vuelta y abandonar esa tormenta a la que tanto temía, pero que tanto me atraía al mismo tiempo... Cuando tomé esa decisión y miré atrás, vi que mi precioso barco estaba destrozado... que habíamos sobrevivido... pero a qué precio... y cerré los ojos para no ver mi propia desdicha, quise no haber intentado jamás domar la tormenta... y lágrimas de desesperación me bañaron el rostro y se mezclaron con la lluvia. Era demasiado tarde. Mi osadía me había hecho creer invencible...
Me alejé lentamente, saliendo de la inconsciencia en la que me había sumergido mientras luchaba para no morir. Me alejé. Y una vez en la prudente distancia volví la mirada y la fijé en la ya lejana tormenta... Maldiciéndola y echándola de menos...al mismo tiempo... Y sucedió lo inesperado... vi otro barco acercarse... un barco como el mío, con un capitán intrépido al timón dispuesto a luchar para no morir... y quise gritar, quise advertirle que no lo hiciese que diese media vuelta y se alejase de allí, que sucumbiría o quedaría irreparablemente dañado como yo... pero mientras estos pensamientos revoloteaban por mi mente... acudieron otros más complejos... y deseé poder ser ese barco que iba a enfrentarse a mi tormenta, deseé volver y luchar... Una y otra vez... consciente de que sólo podía perder...
Y esta es la historia de una vida...
domingo, 9 de marzo de 2008
Amor y Desamor en el pequeño Manhattan
Vivo en una ciudad a la que comparan con Manhattan.
Aquí las cumbres de los rascacielos también arañan la bóveda celeste y el hormigón de los edificios impide respirar normalmente. Aquí el verano dura una vida y el invierno un suspiro. Ciudad de paso para muchos, hogar de casi nadie. Lugar de falsas promesas y esquivas estancias. Aquí, rodeados de mar y a la sombra de una montaña se suceden historias bellas e historias tristes. Cada persona tiene su propia historia (historias con minúsculas) las hay pequeñas e insignificantes, de esas que no te dicen nada y no dejan huella en tu alma, pero también las hay inmensas y profundas, de esas de las que ya no te olvidas aunque pasen cien años.
Pues, sí, en esta pequeña jungla de asfalto, cada uno trata de sobrevivir sin salir demasiado herido, sin perderse por el camino y sin que la hipocresía del día a día le roce.
Hay personas felices que están viviendo momentos tiernos, quizá efímeros, pero igual de importantes que una vida entera. Gente que se mira cada día en el espejo y ve un rostro iluminado y una mirada plena. Y sonríe, y sabe que tiene lo que quiere.
También hay personas infelices, personas que cuando se miran al espejo ven sólo una pálida sombra de lo que fueron. Un esbozo medio borrado de una vida mejor... y se preguntan qué ha pasado... dónde ha ido la antigua imagen del espejo...
Vivo rodeada de esas personas en el pequeño Manhattan. Cada una, una historia, cada una, una vida. Una esperanza. Un tren que ya partió. Un largo camino por delante ó una carretera cien veces olvidada. Un mundo de minúsculas ilusiones ó de inmensas desdichas... pero un mundo sin duda.
Quizá por todo esto... por lo bueno, por lo malo... a pesar del pasado, del presente ó del futuro... A pesar de haberme perdido, de haberme caído, de haber llorado y reído... a pesar de haber renunciado a veces... YO quiero ser la protagonista de mi historia, aquí en el pequeño Manhattan...
lunes, 3 de marzo de 2008
SUEÑOS...
Me dejo caer sobre la cama y cierro los ojos expectante.
Siento como unos labios recorren la piel de mi rostro, formando un camino de pequeños besos que empiezan en mi frente y acaban en la comisura de mis labios. Me estremezco.
Siento como esos labios descienden por mi cuello mientras el roce de sus pestañas en mi barbilla provoca pequeños escalofríos de placer en mi columna vertebral.
Su lengua recorre la forma de mi hombro, dejando un húmedo sendero que se enfría cuando su boca se aparta.
Sus labios se aproximan al lóbulo de mi oreja y susurran palabras bellas con voz queda. Tiemblo.
Siento el peso de su cuerpo sobre el mío y suspiro entrecortadamente. Sus caricias me quitan el aliento... pero me dan vida al mismo tiempo. Susurró un nombre y le pido más, más...
Me lo da todo. Su boca me toma prisionera y su lengua choca contra la mía en un fogoso beso que parece no terminar nunca. Yo no quiero que acabe. Quiero que se quede así para siempre, que nunca jamás se aparte, que sólo pueda respirar a través de sus besos... de su boca.
Entierra la cabeza en mi cuello y aspira profundamente, como si no pudiese vivir sin mi olor... y me siento tan bella y deseada... Tan segura entre esos brazos que me sostienen firmemente y que sé que nunca me dejarán caer...
Sus labios recorren mi cuerpo, todo mi cuerpo... descienden hasta las profundidades con lentitud, saboreando toda mi piel, y me hacen gemir del más intenso placer...
Los músculos de mi estómago se contraen sabiendo lo que viene ahora y mi cuerpo le recibe vibrante y emocionado... me dejo llevar y aspiro su aroma, el aroma que me envuelve y me llena... Me tenso... Me resisto...
Me envuelve la bruma y caigo con él... Caigo y caigo.... y siento como mi cabeza da vueltas y un millar de luces diminutas se encienden detrás de mis párpados cerrados... Suspiro...
Cuando abro los ojos no hay nadie... Estoy sola. No hay aroma, no hay caricias... no hay palabras susurradas al oído y no hay camino de besos sobre mi piel... No hay nada...
Y una lágrima rueda por mi mejilla...
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