miércoles, 25 de marzo de 2009

Agotada


Sin apenas tiempo de respirar, me acerco aquí a describir cómo me siento estos últimos días. ¿Recordáis la canción de Héroes del silencio que decía algo así como: ...y sientes que estás completamente agotado, y no entiendes porqué... ? Bueno, pues eso, yo sí sé porqué. Estoy simplemente exhausta.

Siempre he sido una workaholic, pero ahora es infinitamente peor... las terribles, aunque siempre ingeniosas ideas de mi jefe me están llevando al borde del suicidio... Que si ahora una nueva campaña publicitaria, el aparecer en todos los portales de internet (por supuesto él no tiene ni idea de cómo hacerlo), entrevistas de prensa, la tele, la radio... contactar con todos los inmobiliarios de la zona, redactar mails, ayudarle a crear un personaje de ficción que venda (suena raro pero es verdad, si no me creéis pinchad aquí), hacer dossieres, llamar a todas partes... y corregirle sus faltas de ortografía.... y esto sólo son los extras, claro. Sigo ocupándome de mi trabajo "normal"... preparar firmas, hipotecas, herencias, traducciones...

Cuando llego a casa por las noches, apenas si me apetece hacer otra cosa que no sea cenar y dormir... y como el paseo del sofá a la cama se me hace terriblemente largo, la mayor parte de las noches termino durmiendo en el salón, con el tenedor en la mano.

No tengo tiempo de escribir, ni cabeza para ello... sólo quiero cerrar los ojos y que esto se acabe... me siento incapaz de concentrarme en la lectura... llevo varios días para acabarme el último libro de Moccia que estoy leyendo (esto me preocupa, normalmente devoro literatura)

Se me están empezando a olvidar las cosas... el otro día se me olvidó ponerme las lentillas, algo que jamás me había pasado, y me fui a trabajar completamente cegata... y lo peor es que no me percaté del olvido hasta varias horas después... creí que me habían aumentado las dioptrías por falta de sueño... ¡Dios!

Y no sé si será normal, pero aunque trabajo en una oficina, sentada todo el puto día, cuando llego a casa tengo unas agujetas tremendas, como si hubiese corrido los 100 metros lisos en plan Carl Lewis... y cuando hago girar el cuello, se puede escuchar un sonido horroroso, algo así como clac-clac-clac...

Me he pasado el maravilloso y soleado fin de semana encerrada en casa, contemplando la vida a través del cristal de la ventana, sin querer levantarme del sofá, de puro agotamiento... ¡Joder!

A todo esto se suma que estoy increiblemente irritable, irascible y malhumorada... mi genuino humor sarcástico ha desaparecido como por encanto, y he vuelto a mis orígenes bordes y desagradables (sólo si me hablan, claro, si me ignoran me limito a seguir haciendo mil cosas con cara de poker, y ya)... luego están esos otros ratos, en los que me pongo a llorar de pura impotencia porque los días sólo tienen 24 horas y yo necesitaría que tuviesen 34... y entonces me siento peor, porque sé que por mucho que llore los días van a seguir estando como están.

He intentado pedir unas vacaciones, pero de momento no puede ser, así que ó me da un síncope ó empiezo a engordar a marchas forzadas... ¿no dicen eso, que lo que no mata, engorda?

¿Entendéis ahora porque no escribo en mi blog y apenas si tengo tiempo de visitar los vuestros?

He tardado 10 minutos en escribir esto... joder eso significa que hoy el día para mí sólo tiene 23 horas y 50 minutos... me largo que no me da tiempo....

viernes, 13 de marzo de 2009

Little stupid things

Todos tenemos pequeñas manías que nos caracterizan, que nos hacen ser lo que somos, por las que nos definimos y nos conocen. Yo, aunque me creo perfecta, no lo soy (ya veo vuestras bocas abiertas por el asombro). Sí, también tengo diminutas (a veces enormes) manías, tics, costumbres ó como queráis llamarlas.

Una de ellas, es que nunca jamás saco la cucharilla del café, da igual en que recipiente me sea servido, copa, vaso ó taza... la cucharilla nunca sale de allí... y a veces, lo reconozco, es difícil tomarse el café con la cuchara rozándote la ceja. Pero ya veis, me he convertido en una maestra de esquivar el pequeño objeto metálico que me quiere mutilar el ojo derecho (nunca el izquierdo, esa es otra manía añadida, la cuchara siempre tiene que estar a la diestra del vaso, siempre).

Otra de mis terribles manías es la de usar gafas de sol todos los días, da igual si hace sol, si llueve ó nieva... sí, a veces resulta ridículo, pero ahí están sobre mi nariz, desafiando al clima... No sé cómo empezó esta absurda costumbre, creo que fue hace unos años, cuando redes de finas telarañas empezaron a formarse alrededor de mis ojos (que forma más chula de llamar a las arrugas) y mi vanidad me aconsejó que empezase a utilizar gafas de sol (el botox es demasiado caro).

Hay otra un tanto más terrible. Cuando noto que mis labios están secos, algo dentro de mí (no sé qué es) me obliga a abrir la boca convulsivamente y estirar los labios lo máximo posible. Esto ya se ha convertido en un tic asqueroso, y a veces asusto a la gente sin darme cuenta... imaginaos, una chica medio mona, maquilladita y bien plantá frente a vosotros abriendo la boca como un león (y no lo hago sólo una vez, lo hago varias, como 50 ó 60 veces seguidas) y lo peor de todo, es que no soy consciente, es decir, me puede pasar mientras hablo con alguien, como ó estoy frente al ordenador, como ahora mismo...

Pero la peor costumbre de todas, la que me lleva de cabeza y hace que me quiera pegar un tiro cada par de años, es la de fijar mis ojos en los peores especímenes del sexo masculino... sí, siempre me siento atraída por los hombres menos adecuados... tengo esa manía... mira tú por donde... Jamás elijo al angelito de la derecha, aunque por supuesto, debido a mi gran inteligencia, sé que es el que más me conviene... ¡Qué va! siempre termino eligiendo al de la izquierda y termino tirándome de los pelos y sintiéndome absolutamente gilipollas. Estúpido tic...

Con lo del café puedo vivir, lo de las gafas también, hasta incluso con lo de la boca... pero con lo otro... ¿algún remedio casero, por favor? Se admite cualquier tipo de sugerencia.

miércoles, 4 de marzo de 2009

Hoy... 2ª parte (y de como la felicidad puede ser perjudicial)

Para la total comprensión de este post, es absolutamente necesario que hayáis leído el anterior, así que si no lo habéis hecho (sobre todo si sois nuevos en el blog) hacedlo antes de sumergiros en el fatídico día feliz de Almagriss... es fácil, le dais a la ruedecita del ratón hacia abajo y lo encontráis.
mmm
¿Ya? Bien, entonces comienzo.
Como habréis leído, me levanté totalmente eufórica y animosa, deseosa de compartir mi alegría con el mundo, de reír y de hacer felices a los demás... no sé porqué, pero siempre se me olvida lo que sucede cada vez que me levanto de esa manera, e intento endulzar el día de los otros (la edad me hace más vieja, no más sabia)
Pues sí, allí estaba yo, corriendo por la calzada, deteniendo el tráfico y regalando sonrisas a todos los conductores, que amablemente hacían sonar el claxon de sus vehículos para darme los buenos días. Alguno hasta se bajó del coche e intentó atraparme (para abrazarme, seguro, queriendo compartir mi felicidad). Alguien debió llamar a la policía, porque al rato apareció un coche oficial haciendo sonar las sirenas... uno de los agentes, muy amable, me hizo abandonar la zona y me regaló un papelito rosa... en ese momento no me percaté, mi felicidad era tan grande... pero después constaté que el regalo era una multa por escándalo público... (150 euros)
mmm
Sin desanimarme llegué a la oficina y comenzé a gritar "te quieros" a diestro y siniestro mientras mis compañeros me miraban como si estuviese loca, lo cual me daba igual porque tenía el día Evax y había que aprovecharlo... después de un rato de abrazos y besos, mis compañeros, que me adoran, me dieron un euro para que me fuese a tomar un café (qué majos son)... y salí a la calle e intenté abrazar al yonkie que siempre está en la esquina... creo que no le gustó demasiado, se dio la vuelta terriblemente ofendido gritando algo así como: joder tía 'tás puesta o k?
Ya ahí empecé a darme cuenta que la cosa no iba demasiado bien... la multa me quemaba en el bolsillo y el euro me pesaba en la mano... pero no iba a rendirme, claro que no, tenía que sacarme el corazón del pecho y regalárselo a los demás...
mmm
Divisé un niño a lo lejos y sonreí mentalmente, esta es la mía, pensé, y eché a correr hacia él, preparando mi mueca más salada, estaba segura que con eso triunfaría... Me acerqué con la cara de payaso dibujada en mi rostro... No sé qué pasó, de pronto, el niño que había estado tan tranquilo en su cochecito mirando las musarañas, comenzó a gritar y a patalear totalmente histérico y fuera de control. La cara me cambió de color... mientras la madre del infante me increpaba furiosa... y gritaba al aire algunas palabras, sólo pude reconocer la palabra psicópata, me bastó y reculé avergonzada...
mmm
Mientras volvía cabizbaja a casa, empecé a ser consciente de mis múltiples fracasos, pero la música del anuncio de Evax seguía sonando en mi cabeza... y no pude resistirme. Aunque hacía días que no había llovido, al final de la calle pude vislumbrar mi ansiado charco... cogiendo carrerilla y con sonrisa estúpida pintada en los labios me lancé... y pisé fuerte sobre él... ayyyyyyyy en qué hora... no era un charco normal, era un charco de lodo profundo. Allí me encontraba yo, de barro hasta las rodillas y con la sonrisa de boba congelada en la cara...
Corrí hasta el portal dejando un reguero de partículas de lodo tras de mí, como si fuese una Gretel cualquiera. En el ascensor la vecina del tercero me miró con cara de pocos amigos... (supongo que no es muy común encontrarse con alguien cubierto de lodo hasta las axilas, despeinada, sonriendo estúpidamente y con la mirada enfebrecida), quise abrazarla para demostrarme a mí misma que el día no había sido un absoluto fiasco, pero se alejó de mí arrugando la nariz (tengo que reconocer que el lodo olía fatal)
mmm
Por supuesto me encerré en casa y apagué la música, que cada vez sonaba con menos fuerza, de mi cabeza. Me hice un ovillo en el sofá y maldije a los Hombres G.
mmm
Odio a las personas y al primero que venga y me diga te quiero, le parto la cara.