miércoles, 24 de diciembre de 2008

Ok, me rindo...

Bueno, vale, os deseo FELIZ NAVIDAD... y nada mejor que este vídeo (acorde con mi carácter) para hacerlo :)

miércoles, 17 de diciembre de 2008

The winner takes it all

Para los que no me hayan conocido de niña (es decir, nadie que me lea) explicaré que crecí en una casa rodeada de canciones de ABBA. Me levantaba con el Chiquitita y me acostaba con el Thank you for the music... así que supongo que no es de extrañar que ahora ( a pesar de mi corta edad) sea una consumada fan de ABBA.
Ayer tuve la feliz ocurrencia de alquilar ¡Mamma Mia! Y amigos... qué buen rollo... simplemente genial... os dejo el momento cumbre de la película, la increible interpretación de Meryl Streep de una de las mejores canciones del grupo. Mis ojos se llenaron de lágrimas al escucharla... es que la letra...
Ah, y debajo tenéis la versión original... por si acaso :)





Yes... I feel like a dancing queen!!!!

sábado, 6 de diciembre de 2008

LA PUTA NAVIDAD

Siempre he adorado estas fechas, desde que era una cría esperaba ansiosa la navidad. Me encantaba. Me impresionaban las luces de colores, los adornos... y sobre todo el ambiente festivo que se respiraba en mi familia (son todos unos adoradores de la navidad). El comprar regalitos, el poner el árbol... y todas esas cosas absurdas... Según me hacía mayor, la idea de la navidad cambiaba un poco dentro de mí, pero la ilusión era la misma... volvía a casa, para estar con mi familia (aunque soy diabética me sentía como el turrón el Almendro, jejeje). Y todos éramos felices y comíamos perdices, en sentido figurado.
Pero este año, este año es significativamente diferente. Este año por primera vez en mi vida, estoy sola. Y no es que no tenga a nadie con quien compartir mi cena de nochebuena, hay alguien, pero ya nada es igual. Y sé que veré a mi familia en Reyes, que me bajaré del tren en Atocha y que me estarán esperando, a mí y a mi maleta llena de regalos... y me abrazarán y me dirán cuánto me han echado de menos... y eso. Pero este año eso también será diferente. Este año viajaré sola, con mi maleta... Este año soy un número impar. Este año no tengo que preocuparme de comprar ningún regalo super especial... porque soy el non.
Y si vengo aquí para contar todo esto, es porque esta navidad solitaria y falta de ilusión me rebosa por los poros y tengo que desahogarme de alguna manera, aunque sea aquí y por escrito.
Una de las razones que ha provocado el título de este post llegó ayer en forma de anticompañerismo a la hora de adornar la puta oficina con motivos navideños... era obvio, qué malditas las ganas que tenía de montar un jodido árbol cuando este año para mí las navidades son un momento tan amargo... Pero lo hice, intentando tomármelo con humor... hasta el momento en que vi como mis "compañeros" se limitaban a observarme divertidos y a decir con insolencia: joder, yo paso, menudo coñazo. Bueno, pues yo también paso, joder, pero allí estaba yo, de rodillas en el suelo y con la ira contenida queriendo escapar de mi garganta en forma de grito, o de mi manos en forma de bofetadas múltiples...
Y para más inri, hoy día ingrato (aunque lucía un sol estupendo), no se me ocurre otra cosa mejor que irme a comprar regalos navideños. Tengo que hacerlo, aunque este año no me importe una mierda la navidad, no puedo defraudar a mis seres queridos presentándome en Madrid con una maleta llena de fracaso, amargura y tristeza.
Así que me he ido de compras al puto centro comercial, que gracias a Dios no estaba demasiado lleno. Sola, claro está. Y mientras arrastraba mi cuerpo desganado de tienda en tienda observaba cómo el resto del mundo hacía sus compras navideñas con sonrisas en el rostro. Y yo, en vez de entristecerme, me he enfurecido. ¿Por qué cojones ellos son felices y yo no? Y el enfado me iba creciendo más y más en el pecho. Ni siquiera me he quitado las gafas de sol, con un andar despectivo y una mueca insolente en la cara he hecho un par de compras absurdas, he sido altiva con las dependientas y muy desagradable con un chaval que se ha chocado conmigo. He sido tan insoportable, que ni yo misma me he aguantado y he decidido largarme a refugiarme en mi guarida... pero claro, nada sale como una dispone, y al acercarme a la puerta de salida automática, ésta no se ha querido abrir. No se ha movido ni un ápice. Normalmente, cuando pisas la alfombra que hay delante, la puerta se abre y te deja salir (o entrar). Hoy no. La puta puerta se ha puesto en mi contra porque sabía que odio la navidad. Y mientras otras personas salían por la otra puerta sin ningún tipo de problema, allí estaba yo, con un cabreo impresionante, ante esa puerta de cristal que se había confabulado en mi contra. En mi ira ilógica me he quedado allí, negándome a salir por la otra puerta, esperando vencer a ésta con el poder de mi cabreo. Unas risitas adolescentes me han hecho mirar a un lado y ver como unas crías cargadas de bolsas se reían de mi situación. Os juro que les he gruñido, les he enseñado los dientes... mi ira ya había llegado a unos límites insospechados y estaba a punto de decirles algo así como: Gilipollas de mierda, ¿acaso creéis que la navidad es guay? cuando la puerta se ha abierto por fin.
Casi he corrido hasta mi coche. Me he encerrado dentro, apretando con fuerza el volante y he pegado un grito que sólo he oído yo. Me he mirado en el espejo retrovisor, y no me he visto. La imagen del espejo era un grinch, lo juro. El grinch de la navidad. De la puta navidad.